¿Qué es el extractivismo pesquero?

Escrito por el 25 junio, 2021

Un video de barcos extranjeros en el Mar Argentino pescando ilegalmente despertó un sinfín de comentarios en Twitter: “parece una ciudad en el mar” fue uno de los tantos tweets al ver las decenas de barcos saqueando nuestros recursos naturales. Pero, ¿qué es el extractivismo pesquero? ¿qué consecuencias tiene? ¿quién regula la pesca? Sobre estos interrogantes Otro Viento dialogó con el Doctor en Biología Marina y Pesquera, Oscar Galli.

El extractivismo pesquero se basa en la sobreexplotación de todas las especies marítimas, donde muchas veces tiene como protagonistas a países que explotan mares extranjeros sin autorización alguna. Oscar Galli, quien hace tiempo investiga la temática, explica que la sobreexplotación de los recursos marinos es un problema de escala mundial.

“Sobre la base de la evaluación de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la fracción de poblaciones de peces que se encuentran dentro de niveles biológicamente sostenibles ha descendido del 90% en 1974 al 66% en 2017”, explica y además agrega que, en contraste, se incrementó el porcentaje de las poblaciones explotadas a niveles biológicamente insostenibles, especialmente a finales de las décadas de 1970 y 1980, pasando del 10% en 1974 al 34% en 2017. “En 2017, las poblaciones explotadas a un nivel de sostenibilidad máximo representaban el 60% y las especies subexplotadas el 6% del número total de poblaciones evaluadas”, concluye.

En este contexto, muchas organizaciones ambientalistas han denunciado la presencia de buques pesqueros de origen oriental (chinos y coreanos) y españoles que funcionan como factorías, llevando la pesca congelada en grandes cámaras de frío. Algo muy importante a remarcar, es que este flagelo natural se mantiene a base de trabajo forzoso, sus trabajadores tienen pésimas condiciones laborales. Y además, tienen un grave impacto dentro de las comunidades locales.

“Al firmar acuerdos pesqueros, por ejemplo, la flota de la Unión Europea consigue acceso a las Zonas Económicas Exclusivas de terceros países, muchos de ellos países empobrecidos. Si bien, los acuerdos de acceso proporcionan a los países firmantes determinadas compensaciones, al mismo tiempo incrementan la presión sobre las poblaciones de peces que ya vienen siendo explotadas, lo que lleva en muchos casos al deterioro de las comunidades pesqueras locales”, explica Galli.

El Doctor en Biología Marina y Pesquera recupera un ejemplo claro de este punto: el acuerdo de pesca firmado entre la Unión Europea y la Argentina en 1994 representó, dice, una etapa en el proceso de transferencia de capacidad de pesca hacia los caladeros de los mares argentinos.

“El mayor impacto que generó este acuerdo, no fue precisamente el de reducir la sobrecapacidad pesquera a escala mundial, sino, muy por el contrario, transferir los problemas de sobreexplotación de los recursos vivos marinos y la crisis socio-económica en las comunidades pesqueras locales”.

Lo que el extractivismo pesquero deja

En el extractivismo pesquero participan diversos actores: por un lado las multinacionales que arrasan con todo, y por otro lado los países del llamado tercer mundo, a los que les queda la destrucción. Pero ¿cómo funciona esto? Galli explica que la extracción de materia prima se guía por la máxima del mercado de máximo beneficio en menor tiempo posible: “Cuando los empresarios pesqueros comienzan a explotar un caladero en competencia con otros armadores, tienen un único principio: capturar la mayor cantidad en el más breve tiempo posible”.

Galli prosigue indicando que la globalización del comercio internacional, continúa, ha generado un acercamiento en el momento de llevar la materia prima extraída de los países de economías empobrecidas, a los mercados de los países industrializados, no produciéndose un flujo a la inversa de los beneficios que se obtienen, “las empresas transnacionales ligadas al capital financiero, mediante la sobreexplotación de los recursos pesqueros, han seguido enriqueciéndose”.

El Doctor en Biología Marina y Pesquera indica que de los métodos o artes de pesca usados actualmente tanto por la flota industrial como artesanal, es el arrastre de fondo, el más perjudicial para el medio oceánico. Esto se basa en daño físico y biológico que la pesca de arrastre provoca en el fondo marino: “Este método de captura presenta una baja selectividad, esto significa que a la red no sólo ingresan los peces o crustáceos que son el objetivo de pesca, sino también muchas otras especies bentónicas y demersales imprescindibles para mantener el equilibrio del ecosistema marino”.

Galli diferencia tres grandes tipos de impactos en los ecosistemas que produce el extractivismo pesquero: efectos directos sobre las poblaciones explotadas, modificaciones de los hábitats bentónicos y efectos globales sobre comunidades y ecosistemas que las contienen.

Es en este eje, tal como establece Galli, donde se observan las contradicciones entre la implementación de políticas de economía de libre mercado -entre las cuales se desarrolla la actividad pesquera- y los aspectos de sustentabilidad ambiental, equidad social y soberanía alimentaria.

De esta forma, el extractivismo, ya sea bajo su faceta de agronegocio, megaminería, urbano, pesquero entre otras, no solo destruye la naturaleza sino que el rédito económico es solo para un puñado de multinacionales. Se contamina el agua, el aire, los suelos, se pierde la biodiversidad y se destruye el ecosistema. A todo esto hay que sumarle la deforestación y expulsión de comunidades.

“De continuar en esta situación a escala planetaria, sólo resta esperar que cantidad de pesquerías colapsen, dejando tras de sí a poblaciones de peces extinguidas o en peligro de extinción, ecosistemas degradados, flotas de barcos industriales que se volverían inactivas, con un directo impacto negativo en la población de trabajadores de la pesca y en la oferta de productos pesqueros para las poblaciones locales”, concluye Galli.

Los bombardeos acuáticos

El extractivismo pesquero se encuentra desde 2015 con aval legal, durante el macrismo se autorizó bombardear casi toda la plataforma continental hasta el 2025 y hasta el momento parece no modificarse. Los bombardeos acuaticos en búsqueda de petróleo son un fenómemo que afecta gravemente el ecosistema marítimo.
La tecnología utilizada en la exploración de petróleo y gas ha sido clasificada como una de las principales fuentes de contaminación acústica marina, explica Galli quien agrega además que el sonido es generado a través del uso de cañones de aire comprimido que producen un estruendo por el disparo de aire a presión dirigido al lecho marino en intervalos regulares de tiempo, el cual rebota y es captado por hidrófonos contenidos en cables que son arrastrados por los buques.

Las repercusiones de esta situación van desde dispersión de los cardúmenes de peces, interrupción en su ciclo natural de reproducción y/o alimentación y en tanto los mamíferos marinos cambios en su comportamiento, estrés, reducción del crecimiento, discapacidad auditiva, lesiones masivas y hasta la muerte por ahogamiento o varamientos. “La actividad pesquera no está afectando solamente a las especies de interés comercial sino al ecosistema marino en su conjunto”, declara Galli.

Vacíos legales

Los océanos son fundamentales para el cuidado del planeta, no sólo porque son una gran fuente de recursos naturales sino porque son los reguladores de las temperaturas terrestres y los responsables de absorber y capturar el dióxido de carbono de la atmósfera.

El llamado Agujero Azul (ubicado en la frontera de aguas internacionales y nacionales en el Atlántico Sur Occidental) es un corredor biológico fundamental, incluso la fauna del Mar Argentino y de otros territorios se mueve hasta allí para alimentarse. El vacío legal que existe sobre la explotación de estos espacios hace que, hoy en día, se encuentre en alerta de destrucción de su ecosistema.

“La mayoría de los conceptos de ordenación pesquera se basan en situaciones en las que sólo un Estado posee jurisdicción o bien no se presentan análisis en situaciones de pesca transfronteriza relativas a la milla 201, en la que los Estados son competidores y tienden a ignorar el impacto de su actividad sobre la población o la productividad futura” dice Galli quien agrega además que esto tiene como resultado que cualquier sistema de ordenación pesquera se encuentre condenado prácticamente al fracaso, a menos que se alcance un acuerdo vinculante de cooperación en materia de conservación y gestión entre países.

“La sobreexplotación de los recursos pesqueros en las áreas adyacentes a las Zonas Económicas Exclusivas han sido motivo de preocupación por parte de varios estados ribereños, cuyos esfuerzos culminaron en el Acuerdo de Nueva York de 1995 sobre especies transzonales y altamente migratorias”, cuenta Galli y continúa explicando que dicho convenio estableció un régimen jurídico particular para la conservación y ordenación sostenible a largo plazo de estas especies donde las organizaciones regionales adquieren facultades muy importantes en la materia, pero “hasta el día de hoy no han podido revertir los efectos negativos del extractivismo pesquero a escala internacional”, finaliza Galli.

Caminos posibles

El extractivismo pesquero es considerado “silencioso” ya que no se sabe tanto como lo que hasta hoy en día se conoce del extractivismo terrestre que arrasa no sólo con la naturaleza sino con comunidades enteras. Nada de esto saldría a la luz si no existiera lucha y organización de las asambleas ambientalistas que disputan una producción equilibrada con el cuidado del suelo y del agua. Qué comemos, cómo producimos y cómo distribuimos son preguntas fundamentales para pensar la producción capitalista.

“La crisis económica y la crisis ecológica resultan del mismo fenómeno: un sistema que transforma la tierra, el agua, el aire, los seres humanos, en mercancía, y no reconoce otro criterio que no sea la expansión de los negocios y la acumulación de ganancias”. 

Galli encuentra en el modelo de producción capitalista el inicio del fin. “El principal factor desencadenante de la crisis ecológica a escala mundial es el modo de producción y reproducción capitalista, el modo en que el régimen capitalista de producción se apropia de su entorno natural”.

¿Qué caminos posibles se pueden encontrar ante este panorama? Cuestionar la base. “Transitar hacia otras formas de organización social del trabajo, de la producción y del consumo, hacia otras maneras de relacionarnos con la naturaleza y de entender nuestra propia vida a partir de otros sentidos que, basados en la propiedad social de los medios de producción naturales y artificiales, los utilice en forma responsable para la satisfacción de las necesidades de la sociedad en su conjunto, y no solo de una minoría”, finaliza el Galli dejando mucho para re pensar y aún más para hacer.

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