Hijos sanos del patriarcado

Escrito por el 6 junio, 2020

(Por ANRed) El fiscal Fernando Rivarola a cargo de la causa conocida como “La manada de Chubut”, después de un año y medio de iniciado el proceso bajó la calificación del delito de  “abuso con acceso carnal” a la de “abuso sexual simple” y acordó la realización de un juicio abreviado con los abogados defensores de los imputados, justificando en la resolución que se trató de “un accionar doloso de desahogo sexual”. Inmediatamente la indignación se expresó por redes sociales, ya que cuando se trata de crímenes sexuales las víctimas no encuentran reparación en la justicia sino mas violencia. Sin embargo no se trata de malas praxis, sino de una estructura de derecho que sigue pensando a la justicia sin vincularla a las relaciones sociales de dominación en sociedades patriarcales.

El fiscal Fernando Rivarola a cargo de la causa conocida como “La manada de Chubut”, después de un año y medio de iniciado el proceso bajó la calificación del delito de  “abuso con acceso carnal” a la de “abuso sexual simple” y acordó la realización de un juicio abreviado con los abogados defensores de los imputados, justificando en la resolución que se trató de “un accionar doloso de desahogo sexual”.

Desde las organizaciones feministas repudiaron las resoluciones del fiscal y nuevamente alertan sobre el accionar de los funcionarios de la justicia, que no leen los crímenes sexuales como parte de un conjunto de relaciones de poder.

El crimen sexual es un crimen del poder, advierte la antropóloga argentina Rita Segato, especialista en violencia de género. Agrega “la mujer, y esto es fáctico, no es un ciudadano igual que el hombre. En tal sentido, la ley no puede ser aplicada de la misma forma. Tiene que haber una adaptación de la aplicación de la ley a un campo distinto que es el campo del poder. Debe entenderse que es un error hablar de crímenes sexuales: son crímenes del poder, de la dominación, de la punición”.

Segato afirma que las violaciones son crímenes de poder que buscan el aniquilamiento de la voluntad de la víctima y sostiene que son actos vinculados a la consumición del otro, ya que implican no sólo la dominación física sino también la subordinación psicológica y moral, porque «la sexualidad, en el mundo que conocemos, está impregnada de moralidad» .

En este sentido las investigaciones judiciales centran su atención sobre el acto sexual y busca pruebas para evidenciar el acceso carnal y tipificar las violencias. Sin embargo, no contempla que existen muchas formas de violar que no se encuentran tipificadas como delitos. La agresión sexual como medio es una violencia expresiva dice Segato, que no busca ningún tipo de “desahogo sexual” mas bien es el medio para someter y cosificar los cuerpos plausibles de ser agredidos en sociedades patriarcarles, es decir cuerpos femeninos y feminizados.

¿Quiénes son los integrantes de la manada?

Según datos publicados por el medio Info Mercury donde se exhibe quienes son las personas que integraron “La manada de Chubut”.

Luciano Mallemaci: uno de los cuatro hombres que la presunta víctima señala como uno de los abusadores. Mallemaci tiene 26 años y es hijo del dueño de una inmobiliaria reconocida en Puerto Madryn. De acuerdo a sus registros, su último empleo en blanco fue en una empresa cordobesa que se dedica a elaborar piezas de hormigón.  

Marcelo Ezequiel Quintana: con domicilio fiscal en Caleta Olivia, Santa Cruz, es otro de los apuntados por la joven de haber abusado de ella. Al momento del hecho era mayor de edad y actualmente tiene 29 años. Está registrado en los rubros de servicios jurídicos de la AFIP. Integra junto a miembros de su familia la firma Andequin S.A., una sociedad dedicada a la construcción. Reside, ahora, en la ciudad de Buenos Aires.

Leandro del Villar: nacido en Puerto Madryn, tiene 29 años y era mayor de edad cuando, según lo denunciado, abusó de la presunta víctima. Según medios locales, jugó al squash y es corredor de karting aficionado. Su principal actividad comercial es el transporte de pasajeros, en la que figura registrado como empleador según la AFIP.

Robertino Viglione: en la actualidad tiene 26 años y al momento del hecho era menor de edad. Es sindicado por la joven como uno de los abusadores: en el relato también dice que se comunicó con ella pidiéndole que no lo denunciara “porque sus padres se estaban por separar”. Trabajó en diversas productoras de televisión de acuerdo a datos patrimoniales y es el nieto del ex gobernador de Chubut y diputado por la provincia Atilio Viglione.

Tomás Soriano: nacido y crecido en Gaiman, provincia de Chubut, residía en Miami donde manejaba la compañía Patagonian Sea. No podrá salir del país sin que se lo permita el juez, por lo que no podrá renovar la visa de trabajo que lo habilitaba a vivir en los Estados Unidos. La joven lo acusa de haber sostenido la puerta para que nadie ingresara al cuarto donde cuatro hombres abusaban de ella. Es hijo de Gonzalo Soriano, un poderoso empresario de la pesca.

Joaquín Pérez: es el único que no quedó imputado. Habría colaborado con la Justicia desde un rol de arrepentido. Su papel en la presunta violación habría sido de coparticipación sin intervención: de testigo del hecho. La  víctima dice que él confesó que la drogaron para someterla. Su hermano, Genaro Pérez, fue recientemente electo como intendente de Gastre, una comuna rural del norte de Chubut.

 


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