“Ya hemos sido lo suficientemente pacientes y no nos queda más resto”

Escrito por el 28 junio, 2021

Lo dijo la activista trans Quimey Ramos en diálogo con El Zumbido. Habló sobre el entramado social que permite los travesticidios y transfemicidios, sobre la ley de cupo y la utilización política que hacen los gobiernos del colectivo trans y travesti y sobre la desaparición de Tehuel de la Torre, quien falta desde hace más de cien días tras haber salido a buscar el trabajo que se le niega a las identidades no normadas.

En 1969, un día como hoy tenía lugar en Estados Unidos la revuelta de Stonewall, episodio que pasaría a la historia para ser celebrado en todo el mundo como el día del orgullo por el freno que pusieron a las fuerzas represivas del estado las travestis, trans, lesbianas, maricas y otras identidades disidentes.

Foto Facebook

En distintos puntos del país se realizó la Marcha Plurinacional contra los Travesticidios y Transfemicidios y desde El Zumbido hablamos con Quimey Ramos, docente y activista trans, para que detalle de qué se tratan estos crímenes que no implican únicamente el asesinato perpetuado en manos de una persona, sino una expectativa de vida inferior facilitada por políticas de estado y una cultura odiante amparadas en el sistema de la precarización de las vidas.

Quimey Ramos asegura que “en el caso de las personas trans y travestis, el entramado responsable es más evidente”, porque “la conjunción de factores y actores que vulneran, discriminan, violentan, humillan, etcétera, a nuestro colectivo, da por resultado la expectativa de vida baja que tenemos” y resalta que “lo que es interesante es pensar qué análisis pueden surgir a partir de esto, qué nuevas variables pensar a la hora de qué comunicamos y cómo abordamos la problemática”. Explica que “cuando existe un agresor físico, un responsable concreto, también lo que solemos activar son los mecanismos con los que históricamente ya contamos, por ejemplo el accionar punitivamente contra esa persona” y se refirió a la necesidad de “situar el contexto de otra manera” al analizar este tipo de crímenes.

“Lo que al repensar la violencia de género desde una perspectiva travesti-trans tenemos que revisar es que hay una problemática común, pero con sus particularidades”, detalla: “por ejemplo, el hecho de que en la comunidad trans y travesti el agresor la mayoría de las veces no es un vínculo estable o no está circunscrito a la familiaridad, aunque en muchos casos sí”, y no es un dato menor a la hora de caracterizar el peligro. Explica también que “los estados toman medidas estándares de grados de violencia y, por un lado, tenemos que la temporalidad, la frecuencia, es un factor para medir el grado de riesgo, es decir, permanecer en una casa con un violento que tenemos por pareja, sin lugar a dudas es un factor que en la temporalidad se entiende como de riesgo, pero socialmente cuesta entender que permanecer en una zona roja sin deseo de estar ahí, sin la capacidad de cinturear constantemente con la infinidad de situaciones de riesgo que atraviesan, hace que permanezcamos en riesgo”, y en ese sentido menciona “otro factor de medida que es la dependencia patrimonial: si yo debo concurrir a esa calle en la que trabajo para alcanzar mi subsistencia, es porque tengo una dependencia patrimonial de esa situación de riesgo” y agrega: “lo que me parece interesante de diferenciar entre las situaciones de riesgo intervinculares cisheteronormados es que en general pensamos la situación de riesgo en la convivencia con un agresor y pensamos en un mismo agresor, pero en definitiva muchas veces no pensamos que se puede permanecer en una situación de riesgo a pesar de que el agresor cambie”.

Imaegen @Ximaginaria para @ZumbidoNqn

La activista trans habla también de la hegemonización de la idea de violencia: “en el movimiento de derechos humanos, la categoría de violencia fue acuñada más o menos a partir de los 70 para quitar de circulación la noción de opresión; la violencia es un término mucho más difuso para reconocer de dónde viene y hacia quienes, nos quita la direccionalidad que antes implicaba el concepto de opresión, la difumina, y cae en una noción negativa de la violencia, nos lleva a negativizar lo violento, y eso dificulta también el análisis para acompañar a esas personas que están en situación de violencia, como dice ahora el plan de acción nacional; nos dificulta porque en los vínculos donde una se encuentra en situación de violencia, la situación de violencia hace que las violentadas puedan responder y luego parece que todas somos violentas, y eso no es así, porque una cosa es en un contexto de permanente agresión agredir y otra cosa es la violencia como el ejercicio de esa agresión desde un lugar de poder”.

Quimey Ramos asegura que “no solamente existe una resistencia respecto a la falta de imaginario social, sino que existe además la negación de nuestras identidades como un factor preexistente en la sociedad para poder pensar que lo que nosotras vivimos es violencia en torno a nuestro género” y explica que “por eso la gente dice que ‘es la vida que padecen trans y travestis’, como si fuera algo casi intrínseco a nosotras, y no es así, el problema es el contexto y se nos ha enseñado que todo bien con lo que vos quieras, pero si naciste varón, sos varón, y si naciste mujer, sos mujer”, entonces “¿cómo es posible que una compañera pueda pensarse en una situación de riesgo si le han dicho vos naciste tipo y tenés la misma fuerza que un tipo?”, y sostiene que “el problema es la diferencia entre violencia y agresión”.

Por la naturalización de que no somos mujeres no puede ser violencia de género lo que sufrimos, entonces todos esos imaginarios son los que tenemos que romper para poder comenzar a pensar cómo las herramientas existentes, que sabemos que son nulas básicamente, puedan mínimamente alojarnos”, sentencia la activista y brinda el dato de que entre enero y abril del 2020, la línea 144 para atención a las víctimas de violencia de género registró solo 22 casos de llamados de personas trans y travestis frente a más de 9600 de mujeres cis. En la provincia de Neuquén, si bien la información no está sistematizada, las trabajadoras aseguran que son poquísimos los llamados que reciben de personas de identidades no cis y que en general son adolescentes. “Esa es la demostración cabal de que ni la población entiende que esos mecanismos estén ahí para elles, porque yo estoy segura que la gran mayoría de nosotres está expuesta a situaciones de violencia con motivos de nuestro género, ni el estado construye las herramientas pensando en que la difusión esté dirigida hacia nosotres”, determina.

 

Nos consideran tan políticamente nulas, que ni siquiera nos convocan a la ley que ha sido fruto de nuestra lucha política

El viernes pasado, el senado de la nación aprobó la ley de cupo que obliga al estado nacional a incorporar en el 1% de su total de trabajadorxs a personas trans y travestis y brinda incentivos económicos al sector privado que contrate a esas identidades, además de anunciar apoyo financiero a los proyectos productivos de ese colectivo. Además, impide la discriminación por nivel académico y por antecedentes penales.

Mientras habla con nosotrxs, Quimey Ramos está preparando la bandera que llevarán a la marcha, que dice: “ni les argentines bajamos del barco ni las travestis y trans tenemos derechos gracias a la voluntad política de ningún gobierno”. Sobre la ley recientemente votada, dice: “celebro porque es muy impresionante haber alcanzado esa consagración a nivel legislativo, que no esperábamos estar vivas para verlo, pero por otro lado no somos inconscientes del contexto, porque las formas en las que se han manejado denotan el interés político que tienen en nosotres”.

La activista detalla que “de la votación en diputados nos enteramos dos días antes, a lo sumo tres, y no fue casual, porque dos o tres días antes Alberto Fernández había dicho esta tan triste frase negadora de genocidio a la que aludí recién y un día después era la marcha por Tehuel, que se cumplían tres meses de su desaparición, habiendo ido a buscar trabajo” y asegura que son factores que “se repiten sistemáticamente”.

“El año pasado, cuando Alberto Fernández saca su DNU para establecer el cupo laboral por decreto, que después el movimiento más oficialista lo va a adjudicar como un gesto político para dar su posición positiva ante el tratamiento de la ley, eso fue el 5 de septiembre, cuando el 2 de septiembre se encuentra el cuerpo de Facundo Astudillo Castro, cuya desaparición tenía que ver con la participación de fuerzas armadas”, refiere: “no me parece casual el contexto y las formas dicen mucho en definitiva”. Y asevera: “nos consideran tan minoría, tan políticamente nulas, que ni siquiera tienen la necesidad de convocarnos a la ley que ha sido fruto de nuestra lucha política”.

Foto @Ximaginaria

Para Quimey Ramos no es casualidad que el tratamiento se haya demorado hasta este mes, “cuando todos los ministerios están sacando su pancarta pública lgbt de qué están haciendo” y dice que aunque en teoría la demora fue en busca de consenso “claramente había acuerdo entre los bloques, más allá de esos once rancios del pro que votó en contra en diputados, y eso tiene que ver para mí con que en definitiva la gran diferencia entre ambas leyes (compara con la ley de zonas frías que se trató el día anterior con otra cobertura), además de que incluyen presupuestos diferenciales y ambos son presupuestos importantes, la diferencia está en el tiempo de aplicación de esos presupuestos y de quién es esa responsabilidad, porque el proyecto de zonas frías deja en claro de dónde va a salir el dinero, en cambio el proyecto de cupo laboral trans establece un cupo de vacantes, pero no de dónde va a salir el presupuesto para financiar esos puestos laborales, porque eso va a depender de cada dependencia que lo aplique y, al tener la herencia neoliberal que tenemos de un estado descentralizado, lo que va a haber es una autoridad de aplicación que es una junta interministerial; la ley dice que puede haber una sanción de falta grave para las entidades que no apliquen el cupo, sin embargo nosotras como sociedad civil no sabemos cómo son los mecanismos para exigir una sanción en caso de que no se cumpla; del mismo modo no entendemos el peso político que eso tiene”.

“Nosotres ya tenemos la experiencia hecha dentro de nuestro mismo movimiento de la utilización política que se hace de nuestras existencias, a nivel internacional, y tenemos la experiencia también de otros colectivos que son considerados minorías o que son minorizados por quienes se dan el lujo de hablar en nombre de la gran mayoría”, dice en referencia a “los gobiernos, las iglesias, el sector empresarial y las cúpulas sindicales”, y “quienes verdaderamente somos la mayoría somos segmentades en pequeñas minorías, somos categorizades como minorías, sin darnos cuenta que nuestra sumatoria es la verdadera gran mayoría”. También ejemplifica diciendo que “si miramos la experiencia de otros colectivos podemos encontrar fácilmente la experiencia hecha en relación a la ley de cupo para personas con discapacidad, que establece un 4% y ese porcentaje no se cumple aunque fue establecido en 1981, hace 40 años”.

Es hora de no ser pacientes, porque  ya hemos sido lo suficientemente pacientes y porque no tenemos más resto”, sentencia la activista trans: “es momento de constituir un organismo que pueda fiscalizar de manera independiente del estado la aplicación del cupo  a lo largo y ancho del país; tenemos la suerte de que la ley dice que esta autoridad de aplicación tiene la potestad de sumar un organismos más si así lo considerase necesario, entonces a por ello tenemos que ir, porque no puede ser el estado el mismo que vele por la aplicación que el estado va a hacer de la ley, eso sabemos que es un destino de fracaso”.

 

Y que aparezca Tehuel

Imagen de @Ximaginaria para @ZumbidoNqn

Quimey Ramos dice que la lucha “es responsabilidad de todes” y retoma una idea anterior: “el ser catalogada como minoría por parte de los estados y los pactos y convenios internacionales, es ser obligade a hablar solamente de lo que te compete a vos misma específicamente y nada más que lo compete a tu agenda específica, pero ninguna agenda es absolutamente específica y segmentada, entonces en ese sentido nosotres lo que decimos es que les trans y travestis tenemos que dar una perspectiva trans y travesti de todas las problemáticas que hay socialmente y subir la vara de la crítica, ahora es momento de decir que no nos alcanza con trabajos precarizados, tercerizados, mal pagos, con contratos basura, porque precisamente a mayor grado de opresión mayor deben ser las condiciones que se den para poder revertir ese estado”.

“Es momento de criticar las condiciones laborales de todes les trabajadores, sino no se puede revertir este destino que el régimen patriarcal, capitalista, wigka, cisheteronormativo nos ha impuesto”, finaliza la activista: “del mismo modo hay que hermanar todas las luchas, esperamos que todes les feministas salgan a gritar dónde está Tehuel, que nadie permita que se olvide, que nadie permita que los sospechosos mantengan su silencio en complicidad seguramente con estructuras mayores, sin poner el ojo ahí, tenemos que llegar hasta el fondo y conseguir que Tehuel aparezca con vida”.

 

Escuchá la entrevista completa con Quimey Ramos:


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